Mancuso era un buen patrullero. No era el mas valiente, pero sí el mas diligente.

Estuvo en la fundación de La Comisaría y siempre veló por la ley y el orden. Incluso en los tiempos que estuvo desplazado era el más activo en las convocatorias y en las ruedas de identificación. Hizo muchas detenciones pero pocas terminaron en la cárcel.

¡Malditos picapleitos y jueces corruptos!

Reticente al comienzo de La Comisaría virtual, terminó colaborando habitualmente. Llevado de su extraña vena calvinista ordenó las secciones por título y número encontrándose con la ingrata sorpresa que ni eran leídas ni apreciadas.

En un momento de terrorismo interno, su compañera del alma siembra la sospecha de que se oculta bajo el nombre de Renko. La investigación llevada a cabo le libra de cargos al descubrirse que es el propio comisario el culpable (y otro que se ha ido de rositas del que algún día hablaremos).

Su propio jefe arrojó dudas sobre su condición y tuvo que pedir ayuda al programa de protección de testigos para buscar una nueva personalidad.

Una vez instalado como Travis Bickle, gran defensor del orden donde los haya, vuelve a ser acosado injustificadamente por su querida compañera.

Triste y cansado decide retirarse con una lacónica foto en blanco y negro sin texto.

Ante este abandono, asuntos internos no ha tenido mas remedio que proceder a su detención, retirarle la placa y procesarle con todo tipo de cargos (falsos, por supuesto).

Dentro de 3 años y un día, Mancuso podrá volver a escribir en estas páginas.