Nuestro héroe no era uno de esos dominicanos de quienes todo el mundo anda hablando, no era ningún jonronero ni fly bachatero, ni un playboy con un millón de conquistas.

Y salvo en una época temprana de su vida, nunca tuvo mucha suerte con las jebas (qué poco dominicano de su parte).

Entonces tenía siete años.

En esos días benditos de su juventud, Óscar, nuestro héroe, era medio Casanova. Era uno de esos niñitos enamoradizos que siempre andan tratando de besar a las niñas, de pegárseles detrás en los merengues y bombardearlas con la pelvis; fue el primer negrito que aprendió "el perrito" y lo bailaba a la primera oportunidad.