

"Cuando yo haya muerto y los Marshall hayan muerto y la novela se publique por fin, existiremos sólo como invenciones mías. (...) A nadie le importará qué sucesos o qué individuos fueron tergiversados para componer una novela. Sé que siempre hay un cierto tipo de lector que se verá compelido a preguntar: pero qué sucedió realmente. La respuesta es sencilla: los amantes sobreviven y prosperan. (...)
El problema a lo largo de estos años ha sido el siguiente: ¿cómo puede un novelista alcanzar la expiación cuando, con su poder absoluto de decidir desenlaces, él es también Dios? No hay nadie, ningún ser ni forma superior a la que pueda apelar, con la que pueda reconciliarse o que pueda perdonarle. No hay nada aparte de él mismo. Ha fijado en su imaginación los límites y los términos. No hay expiación para Dios, ni para los novelistas, aunque sean ateos".

Me tiene apabullado el critico literario
¿te refieres a sufrir la pena o a profanar tu templo?